Un whisky con hielo milenario de la Antártida puede ser el broche de oro para una expedición a través del continente blanco. Un viaje mudo por los estrechos canales y las montañas de hielo, vigilados por elefantes marinos, pingüinos y cormoranes. Parando, entre otros lugares mágicos, en la caleta del péndulo para olvidarse de lo cotidiano, reviviendo con el verdadero placer de un baño en las aguas termales del volcán.